LA QUINTA SINFONÍA DE VIZCARRA

Una tonada política que no tiene cuándo acabar

La semana pasada el Presidente de la República, Martín Vizcarra Cornejo, en sus acostumbradas alocuciones de medio día, bautizadas como la “Hora moqueguana”, instó a la población a la unidad en la lucha contra el Coronavirus. Hasta ahí todo bien.

El tema surge (no la cocina) porque su llamado a la unidad vino acompañado de una serie de diatribas, insinuaciones y calificativos contra las personas que cuestionen o difieran de las versiones oficiales. Las calificó como “maestros de la desinformación” o “doctores del pesimismo”, haciendo gala de un talante poco tolerante a la crítica. Usó también otras expresiones como: “generales después de la batalla” o “almirantes después del combate”, ésta última- que pasó desapercibida- en clara alusión al almirante Jorge Montoya, quien días atrás había hecho duras críticas, por no convocarse al Consejo de Seguridad y Defensa Nacional, órgano que cuenta con la preparación idónea para este tipo de contingencias y que es presidido por el propio presidente.  

Durante el tiempo que llevamos en confinamiento (que acaba de prolongarse por quinta vez), la mayoría de peruanos hemos venido acatando y acompañado todas las acciones del Gobierno, esperando de ellas un manejo oportuno, inteligente y prolijo. Estas circunstancias han sorprendido al país- que duda cabe- en una situación muy precaria de su sistema de salud pública. Por eso la estrategia debió haber sido muy fina, no daba tregua para el error, pues la vida de miles de peruanos estaba en riesgo. Y eso no parece ser precisamente, a la luz de los hechos y en el día 69 de este aislamiento, lo que habría sucedido.

Los errores del presidente se han ido sucediendo, uno tras otro, desde el inicio. Cabe mencionar que su principal acierto fue, sin duda alguna, ordenar la cuarentena rápidamente y el cierre de las fronteras. Esto lo decretó, diligentemente, antes que otros países de la región desde el 16 marzo. Pero de ahí en adelante, otros hechos fueron desdibujando la acertada medida.

Pruebas diagnósticas

El primer error en el que cayó el presidente fue en la decisión de comprar las pruebas serológicas (o rápidas) y no las moleculares (PCR). No queda claro aún por qué persistió en ello, cuando la comunidad científica advertía que sólo las segundas eran utilizadas para la detección diagnóstica y eso era lo que se necesitaba desde el principio, un oportuno descarte en el día uno de la enfermedad. Y la experiencia exitosa en países como Corea del Sur, Singapur y Nueva Zelanda, entre otros, así lo respaldaban. A estas alturas ya es una discusión bizantina, pero había que señalarlo.

Bonos, bonos y más colas

Un segundo error del Gobierno, en esta etapa de internamiento, se originó en la política de la entrega de bonos. No hay duda que, ante el enclaustramiento obligatorio, habría poblaciones muy vulnerables (pobres y pobres extremos) que no podrían sobrevivir al encierro y así lo entendieron. Se diseñó, para ello, una política de subsidios con el fin de alcanzar con este beneficio, en un primer momento a 2´800,000 familias, extendiéndose luego a 3´500,000. Lo que no se previó fue que la gran parte de estas personas no contaban con una cuenta bancaria, por lo que la entrega debía hacerse, plata en mano, en las ventanillas del Banco de La Nación de los diferentes distritos y regiones del país. Pues con esta iniciativa se generó grandes colas y aglomeraciones y, de seguro, muchos focos de contagios. Después los bonos se ampliaron a independientes, rurales y familiar universal, que siguen su proceso de implementación.

Foto: Gestión

Varados y “caminantes”

La tercera equivocación, no menos importante, surgió en el problema que se suscitó con las poblaciones de migrantes que fueron denominados los “varados” o “caminantes”. Estos fueron compatriotas, se calcularon en cerca de 170 mil personas, que quedaron atrapados en la ciudad capital, ante el cierre súbito de las fronteras internas (regiones). Otros fueron aquellos que perdieron sus trabajos y que, con una mano adelante y otra atrás, se vieron obligados a retornar a sus lugares de orígenes. Estos pobladores estuvieron deambulando y establecidos en distintos puntos del norte, sur y centro de la ciudad, a la espera de una solución que les brindaran, a fin de retornarlos a sus terruños.

La indiferencia, falta de reflejos y el “peloteo”, por parte por de las autoridades, los convirtieron en focos de contagios itinerantes. Pues cuando estas poblaciones lograron llegar a sus regiones, es muy posible que el virus viajara con ellos y éste se habría diseminado por distintas regiones del país. Eso, lo estamos viendo ya.

Los mercados de la muerte

Un cuarto fallo se dio en la operación de los mercados de abastos. Pues diariamente fuimos testigos de las aglomeraciones que allí se sucedieron, rompiéndose a todas luces el distanciamiento social que la estrategia sanitaria, dictada por el Supremo Gobierno, había señalado. Lo anecdótico en este descuido, por decirlo menos, fue que recién en el día 52 de la “cuarentena” Vizcarra y su equipo descubrieron lo que en estos centros ocurría y mandó a algunos de sus ministros a intervenirlos. Estas fiscalizaciones vinieron acompañadas de pruebas rápidas a un pequeño porcentaje de los comerciantes (muestreo), en los distintos mercados distritales, obteniéndose resultados de terror. La media de infestación en estas plazas superaban el 50% y algún caso llegó a ser cerca del 90%. El presidente Vizcarra hubiese tenido que aceptar su error por inacción u omisión, pero no dudó en echarle la culpa a los mercados, a la gente y a sus alcaldes. Ellos no diseñaron las estrategias sino el Ejecutivo. 

Tiempo perdido

En paralelo a estos desaciertos hubo un sinnúmero de medidas que no se tomaron y coadyuvaron a que la crisis se hiciese cada vez peor. Hasta ahora, día 69, no se ha delineado una táctica para hacer cercos epidemiológicos o comunitarios en los lugares de mayor incidencia. Esto ha sido indispensable en los países que han logrado controlar la epidemia.

El presidente Vizcarra “compró tiempo” (dixit. Pilar Mazetti) y ese tiempo implicaba prepararse, equipándose con pertrechos (pruebas, medicinas, EPPs) y equipamiento de salud (oxígeno, ventiladores), para poder enfrentar, cual una guerra, la epidemia en mejores condiciones. A la luz de los hechos, esto tampoco ocurrió.

La frivolidad de la corrupción

Durante el internamiento se han venido descubriendo cuantiosos actos de corrupción en las compras estatales. Para mencionar uno de tantos (pues hay más de 500 denuncias en la Fiscalía de la Nación), se adquirieron productos para desinfección y equipos de protección personal (EPPs) de dudosa procedencia, lo que conllevó, por ejemplo, a que el personal de primera línea- llámese policías, militares y personal del sistema de salud-cayeran enfermos, complicándose más aún la precaria situación. Los números de contagiados y fallecidos en estos frentes son de horror, habiéndose debilitado las defensas ostensiblemente. En esto sólo cabe el desprecio y la sanción para los que lucraron durante esta pandemia a costa de la salud y la vida de héroes y heroínas peruanos anónimos.

Cifras de la muerte

Por añadidura, publicaciones nacionales (IDL, Ojo Público) e internacionales (New York Times, Financial Times) vienen dando cuenta de un subregistro en el número de fallecidos, poniéndose en duda cada vez más las cifras que brindan los reportes oficiales. Según el Financial Times de Londres, en el Perú habría al menos 8,000 muertos por contabilizar y agregar a los registros de defunciones por el Coronavirus. Vizcarra sigue reafirmándose, temerariamente, en sus guarismos.

Mientras tanto, el presidente ha venido brindando un discurso triunfalista, populista, repetitivo y cansino, con información que algunos consideran poco veraz y ciertamente sesgada. Se ha llegado a sostener que hemos llegado a la meseta de la epidemia y que la enfermedad se encuentra ya en fase de descenso. Algunos epidemiólogos y matemáticos, de reconocimiento local e internacional, han diferido de esta apreciación, pero el Vizcarra insiste en su versión y denosta de todos aquellos que no se alinean con las versiones oficiales. Parecería que a él no le gusta la crítica y eso no está bien, en un régimen democrático. Su prédica, con el paso del tiempo, se ha convertido en algo así como un disco rayado, de frases y palabras, que repite y repite, como un sonsonete.

Así no es, presidente Vizcarra. Los peruanos podemos disentir de lo que usted viene haciendo y no por eso deseamos el fracaso de su gestión, nada más falso. Además, la cruda realidad -que al parecer no ve- termina por contradecirlo. Queremos creer, pero consideramos que las falacias o las medias verdades lo único que generan son la falta de credibilidad, y eso no suma. Una cuota de humildad y autocrítica le vendrían bien, porque tarde o temprano la verdad saldrá a la luz. Esa luz que deseamos lo ilumine ahora, en esta hora tan difícil.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s